Mi hijo se chupa el dedo: ¿afecta sus dientes?
Tu hijo tiene 4 años. Quizá 5. Y sigue chupándose el dedo. Lo hace cuando ve tele, cuando está cansado, cuando se queda dormido. La abuela ya te dijo algo. La tía también. En la reunión familiar alguien soltó un "pero todavía se chupa el dedo" con esa cara de preocupación que te dejó pensando toda la noche.
Y tú no sabes qué hacer. No quieres presionarlo. Tampoco quieres que le pase algo en los dientes. Te da un poco de pena cuando lo ves hacerlo en público, pero más te preocupa si de verdad le está causando daño.
Te voy a contar lo que sé después de más de 30 años atendiendo niños en mi consulta. La respuesta corta: depende de la edad. La respuesta larga tiene matices que necesitas conocer antes de tomar cualquier decisión.
Lo primero: chuparse el dedo es normal
Algunos bebés se chupan el dedo desde antes de nacer. En las ecografías se ve. Es un reflejo natural. Les da seguridad, los calma, los ayuda a dormir. Es la forma que tienen de regularse emocionalmente cuando todavía no saben usar palabras para decir "estoy cansado" o "me siento intranquilo."
Hasta los 3 años, no hay de qué preocuparse. Los dientes de leche están ahí, pero el impacto del dedo a esa edad es mínimo y generalmente reversible. Si el niño deja el hábito antes de los 3-4 años, lo más probable es que los dientes se acomoden solos sin necesidad de ningún tratamiento.
Respira. Si tu hijo tiene 2 o 3 años y se chupa el dedo, no estás haciendo nada mal. No le estás arruinando los dientes. Todavía hay tiempo.
¿Cuándo se vuelve un problema?
Entre los 4 y los 5 años es cuando la cosa cambia. ¿Por qué? Porque los dientes permanentes están formándose dentro del hueso, preparándose para salir. Y los huesos de la cara — sobre todo el paladar — están creciendo y moldeándose activamente.
A esa edad, la presión del dedo ya no es inocua. El dedo empuja los dientes de arriba hacia adelante. Empuja los de abajo hacia atrás. Y lo que es menos obvio pero más dañino: ejerce presión sobre el paladar, que todavía es maleable.
Después de los 5-6 años, con los dientes permanentes empezando a salir, cada mes con el dedo en la boca deja marca. No de un día para otro. Pero mes a mes, los dientes y los huesos van cambiando de posición por esa presión constante.
Qué le pasa a la boca cuando el hábito continúa
No te voy a mostrar fotos de casos extremos para asustarte. Te voy a explicar lo que pasa paso a paso, para que entiendas la mecánica.
Los dientes de adelante se abren
El dedo ocupa espacio entre los dientes de arriba y los de abajo. Esa presión repetida — horas cada día, todos los días — empuja los dientes superiores hacia adelante y hacia afuera. Los dientes de abajo se inclinan hacia adentro.
El resultado es lo que llamamos mordida abierta: cuando el niño cierra la boca, los dientes de adelante no se juntan. Queda un hueco. A veces la forma del hueco coincide exactamente con la forma del dedo. Si te interesa entender más sobre esto, lo explico en detalle en este artículo sobre mordida abierta.
El paladar se estrecha
Esto es lo que menos se ve pero lo que más afecta. Cuando el dedo está metido en la boca, la lengua baja. Deja de hacer presión sobre el paladar. Y al mismo tiempo, las mejillas comprimen los dientes de los lados.
El resultado: el paladar se va haciendo más angosto. Un paladar angosto significa menos espacio para los dientes permanentes. Cuando salgan, no van a caber. Se van a apiñar, a montarse unos sobre otros. A veces también produce una mordida cruzada — los dientes de arriba quedan por dentro de los de abajo, al revés de lo normal.
La forma de hablar cambia
Con los dientes de adelante abiertos y la lengua en posición baja, algunos sonidos salen diferentes. La "s" suena como un silbido raro. La "d" y la "t" no suenan limpias. No es un problema grave, pero lo noto en la consulta y los profesores a veces lo mencionan.
Lo que no debes hacer: avergonzarlo
Antes de hablar de cómo dejar el hábito, necesito decirte algo: no regañes a tu hijo por chuparse el dedo. No le digas "ya estás grande para eso." No le quites la mano de la boca en público con cara de molestia.
¿Por qué? Porque el niño no se chupa el dedo para molestarte. Lo hace porque le da seguridad. Es su mecanismo para calmarse. Si le generas estrés o vergüenza alrededor del hábito, le quitas el mecanismo pero le subes la ansiedad. Y muchos niños responden chupándose el dedo más — no menos — cuando están estresados.
Lo he visto muchas veces. Padres que llegan frustrados diciendo "le digo y le digo y no deja." Claro que no deja. Porque cada vez que le dices, siente presión. Y la presión le genera la necesidad de calmarse. ¿Y cómo se calma? Con el dedo.
Estrategias que sí funcionan
Identifica cuándo lo hace
Observa. ¿Se chupa el dedo cuando tiene sueño? ¿Cuando está aburrido? ¿Cuando ve tele? ¿Cuando está en un lugar nuevo con gente desconocida? Entender el disparador te ayuda a saber qué necesita el niño en ese momento.
Si es sueño, ayúdalo a tener una rutina de sueño que lo relaje sin el dedo — un cuento, una canción, un peluche. Si es aburrimiento, dale algo que hacer con las manos. Si es ansiedad, trabaja la ansiedad.
Habla con él, no sobre él
A partir de los 4-5 años, los niños entienden más de lo que creemos. Puedes decirle — con cariño, sin regaño — que chuparse el dedo puede mover sus dientes y que juntos van a buscar la forma de dejarlo. Hazlo parte del proceso, no el receptor de una orden.
Recompensa el progreso, no el resultado final
No le digas "si dejas de chuparse el dedo te compro algo." Eso pone la meta muy lejos. Mejor: "hoy no te chupaste el dedo en toda la tarde, ¡qué bien!" Celebra los avances pequeños. Un día sin el dedo ya es un logro.
Sustituye, no solo quites
Quitar el dedo sin dar algo a cambio deja un vacío. Un peluche, una manta suave, algo que el niño pueda apretar cuando necesite calmarse. El dedo no es el problema — es la solución que el niño encontró. Dale una solución diferente.
Cuándo buscar ayuda profesional
Si tu hijo tiene más de 5 años, el hábito es constante — no solo al dormir sino durante el día también — y ya se ven cambios en los dientes o en la forma de la boca, es momento de una evaluación.
En mi consulta evalúo si los dientes ya se movieron, si el paladar está angosto y si la mordida está afectada. A partir de eso determinamos si hay que intervenir o si podemos esperar.
La primera visita al ortodoncista para estos casos suele ser entre los 5 y 7 años. No para poner brackets — nadie pone brackets a un niño de 5 años. Sino para evaluar y, si hace falta, colocar un aparato que ayude.
El aparato "recordatorio"
Existe un aparatito que se pega detrás de los dientes de arriba. Tiene unas barritas o una rejilla que impiden que el dedo entre cómodamente. No le hace daño. No es un castigo. Simplemente hace que chuparse el dedo ya no sea placentero.
La mayoría de niños dejan el hábito en 2 a 4 semanas con este aparato. No porque los obligue, sino porque rompe el ciclo de recompensa. El dedo ya no se siente igual. Y el niño naturalmente busca otra cosa.
Lo he usado cientos de veces. Funciona. Y los niños se adaptan mucho más rápido de lo que los papás imaginan.
¿Y si el daño ya está hecho?
Aquí viene la parte que más tranquiliza a los papás que llegan a mi consulta preocupados: la gran mayoría de los cambios que produce el hábito de chuparse el dedo se pueden corregir.
Si el paladar quedó angosto, hay aparatos que lo expanden. Se llaman expansores y se usan en niños mientras los huesos todavía están en crecimiento. El paladar se ensancha, se crea espacio para los dientes y la mordida mejora. Es un tratamiento que se hace entre los 6 y 10 años, antes de que los huesos se endurezcan.
Si los dientes de adelante quedaron abiertos — mordida abierta — muchas veces se cierra sola una vez que se elimina el hábito. Si no se cierra, se corrige con ortodoncia más adelante. Con brackets o con alineadores, dependiendo de la edad y del caso.
Si la mordida quedó cruzada, también se corrige. Pero hay que hacerlo a tiempo — mientras los huesos de la cara todavía están creciendo. Después de la pubertad, las opciones son más limitadas.
El mensaje es este: si tu hijo se chupó el dedo demasiado tiempo y ya ves cambios en los dientes, no te culpes. Trae al niño a que lo evalúen. La mayoría de las cosas se pueden arreglar, especialmente si se detectan temprano.
Cómo se ve el resultado
Te cuento lo que pasa cuando un caso así se resuelve bien. El niño dejó el dedo. Se le puso un expansor por unos meses. El paladar se ensanchó. Los dientes permanentes salieron con espacio suficiente. La mordida cerró.
Vas a verlo sonreír con todos los dientes derechos. Va a morder una manzana sin problemas. Va a pronunciar cada letra sin que suene raro. Y ni él ni tú se van a acordar de que alguna vez ese dedo fue un problema.
Eso lo veo seguido. Y cada vez que un papá me dice "me arrepiento de no haber venido antes," le digo lo mismo: viniste. Eso es lo que cuenta.
Preguntas frecuentes
¿El chupón causa el mismo daño que el dedo?
Sí, el efecto sobre los dientes es similar. Pero hay una ventaja con el chupón: se puede quitar. Es más fácil eliminar un chupón que el dedo, porque el dedo siempre está disponible. La recomendación es retirar el chupón entre los 2 y 3 años.
¿Chuparse el dedo solo de noche también causa problemas?
Depende de cuántas horas y de la intensidad. Un niño que se chupa el dedo 8 horas de noche está ejerciendo presión durante un tercio del día. Eso es suficiente para mover los dientes si el hábito se mantiene durante meses o años. Es menos dañino que todo el día, pero no es inofensivo después de los 4-5 años.
Mi hijo tiene 7 años y todavía se chupa el dedo. ¿Ya es tarde?
No. Es tarde para esperar, pero no es tarde para actuar. A los 7 años el hábito ya probablemente causó algún cambio, pero los huesos de la cara todavía están creciendo y hay mucho que se puede hacer. Mientras más pronto se elimine el hábito y se evalúe la boca, mejor. Ven a la consulta.
¿Chuparse el dedo puede afectar la mandíbula?
Sí. El hábito prolongado puede empujar la mandíbula de abajo hacia atrás, alterar la forma en que las mandíbulas crecen juntas y generar una mordida que no encaja bien. En algunos casos he visto relación entre hábitos de dedo prolongados y problemas articulares años después, cuando la mordida alterada genera sobrecarga en la articulación.
¿Debo llevar a mi hijo al ortodoncista o al odontopediatra?
Si la preocupación es el hábito y cómo afecta los dientes y la mordida, un ortodoncista con experiencia en niños es tu mejor opción. El odontopediatra puede detectar el problema, pero el plan de tratamiento para la mordida y los huesos lo maneja el ortodoncista. Lo ideal es que trabajen juntos.
Qué hacer ahora
Si tu hijo tiene más de 4 años y se sigue chupando el dedo, no esperes a que alguien más te lo diga. Agenda una evaluación. En mi consulta en Quito revisamos los dientes, la mordida, el paladar y te explicamos exactamente qué está pasando y qué opciones hay.
A veces la respuesta es "todavía podemos esperar." A veces es "mejor actuamos ya." Lo que sea, vas a salir con información clara. Y eso es mejor que seguir con la duda.
Llama a SOI o escribe por WhatsApp. Te esperamos.
Tu sonrisa merece lo mejor
Agenda una cita de valoración y descubre el tratamiento ideal para ti. Sin compromiso.